En el acto de entrega de las Ayudas a Proyectos de Acción Social de Mutua Madrileña que tuvo lugar el jueves 9 de abril, hemos tenido la oportunidad de escuchar voces que resuenan profundamente con nuestra misión y labor diaria. Como bien señalaba Rafael Herraiz, premiado por su labor en cooperación, existe una creencia popular de que las primeras palabras de un niño son “papá” o “mamá”. Sin embargo, la realidad es que a menudo la primera palabra que define su relación con el mundo es “mío”. ¿Nos suena raro o tristemente reconocible en la sociedad en la que vivimos?
La educación es el proceso de transformar ese instinto individual del “mío” que a menudo nos empuja a rechazar aquello que se cruza en nuestro camino individualista; en la conciencia colectiva del “nuestro”,
El pensamiento generoso hacia el bien del otro, acaba siendo el bien de todos. En este baile cíclico vamos creando que las barreras infranqueables acaben siendo puentes. ¿No es una imagen mucho más bonita del mundo?
Ignacio Garralda, presidente del Grupo Mutua y la Fundación Mutua Madrileña, describía a las ONG como ese puente necesario:
- Entre los que tienen y los que no.
- Entre los que están solos y los que pueden acompañar.
- Entre los privilegios y las necesidades.
Como recordó Pedro Rollán, presidente del Senado, la vida cambia drásticamente dependiendo de dónde nos ha tocado nacer. Esa “lotería” de origen no debería determinar el techo de cristal de ningún niño. Por eso, el apoyo recibido para nuestro programa de educación infantil es mucho más que una ayuda económica; es una herramienta para equilibrar la balanza frente al azar del nacimiento.
En estos tiempos de incertidumbre y crisis, nuestra labor se resume en el concepto de “pico y pala”. Día tras día, sin descanso, seguimos construyendo oportunidades. La educación es la base para que los más pequeños dejen de ver el mundo como algo ajeno y empiecen a construirlo como algo propio, algo nuestro. Gracias a la Fundación Mutua Madrileña por reconocer que, para cambiar la sociedad, primero debemos educar, pero no de cualquier manera; educar desde el corazón con el objetivo de una suerte no solo de unos pocos, sino de todos.

