20 años de pequeños gestos

Celebrar veinte años permite detenernos y reconocer cuánto debemos a los demás. Al mirar atrás, recordamos a quienes compartieron lo que tenían y confiaron en una iniciativa que empezaba. A ellas, y a quienes os habéis ido sumando después, hoy queremos daros las gracias.

Ese agradecimiento nos lleva a recordar cómo empezó todo. A principios de este siglo, Valladolid recibía a un número creciente de personas migradas. Varias instituciones religiosas ya atendían algunas de sus necesidades: tenían un ropero, un centro de día, programas de apoyo escolar… Comprendieron que, uniendo sus recursos y su experiencia, podrían ofrecer una atención más completa.

De esa voluntad de colaborar nació Red Íncola, constituida formalmente por ocho entidades religiosas, pero que siempre contó, y sigue contando, con el apoyo y colaboración de otras congregaciones. Poner en común lo que cada una tenía y sabía hacer exigía generosidad, confianza y disposición a aprender de las otras. Esa fue también una forma de acogida: hacerse sitio unos a otros para poder acoger mejor a quienes llegaban.

Esa generosidad caló hondo en el trabajo de cada día, sostenido en buena medida por personas voluntarias y un grupo muy reducido de trabajadoras. Su compromiso se reflejaba en detalles como el uso de sus móviles personales para trabajar, una práctica que se mantuvo hasta hace apenas un par de años. El patronato, por su parte, se reunía mensualmente y asumía también las funciones de un comité de dirección. Así se ha sostenido la Red: con personas muy comprometidas, dispuestas a poner su tiempo y sus medios al servicio de un proyecto compartido.

Sobre ese compromiso hemos ido creciendo con prudencia, respondiendo a nuevas necesidades. El informe de impacto nos ayudará a valorar el camino recorrido y lo que debemos mejorar. Detrás de sus cifras hay encuentros y gestos cotidianos cuyo significado y alcance no siempre es fácil medir.

Pienso en una conversación, una clase de apoyo, el acompañamiento en una gestión o una taza de chocolate caliente. Para quien ofrece ese gesto, quizá sean unos minutos de su día. Para quien lo recibe, pueden significar comprender por fin una carta que le preocupaba o descubrir que, en una ciudad desconocida, alguien está dispuesto a escucharle.

Félix Revilla, que fue presidente de la Fundación, nos lo recordaba con la imagen del efecto mariposa: el aleteo de una mariposa en Brasil puede contribuir a desencadenar un tornado en Texas. Tampoco nosotros sabemos hasta dónde puede llegar un gesto de acogida en la vida de otra persona.

Pero ese encuentro también deja huella en quien acompaña. Cuando conocemos a una persona, escuchamos su historia y compartimos sus preocupaciones, resulta más fácil rechazar los prejuicios que circulan sobre ella. Lo que hemos vivido juntos estos años nos ayuda a cuestionar lo que tantas veces se dice de quienes llegan.

Por eso nos preocupan los relatos que alimentan el miedo a la inmigración. Algunos de los cuentos de los que hablaba León Felipe hoy los llamaríamos bulos. Suelen partir de un temor y anunciar una catástrofe si algo cambia. Como escribió el poeta: «El miedo del hombre… ha inventado todos los cuentos».

Cuando empecé a jugar al fútbol, en 1972, no estaba permitida la contratación de futbolistas extranjeros. Se decía que permitir su llegada sería la ruina del fútbol español: quitarían el sitio a nuestros jugadores y debilitarían a la selección.

Un año después se levantó la prohibición. ¿Y qué pasó? ¿Se arruinó nuestro fútbol? Pues parece que no. La selección española ha ganado en este siglo tres Eurocopas y dos Mundiales. Y hay futbolistas españoles, y también entrenadores, compitiendo en algunos de los mejores equipos de Inglaterra, Alemania, Francia…

Aquella ruina anunciada no llegó. Y nosotros también hemos encontrado oportunidades fuera. Conviene recordarlo cuando escuchamos que quienes vienen de otros países nos quitarán nuestro sitio.

Estos veinte años nos han enseñado cuánto podemos aportar unos a otros al conocernos y convivir. Las personas migradas forman parte de nuestros barrios, trabajan, cuidan, emprenden y comparten con nosotros sus capacidades y experiencias. Tenemos mucho que construir juntos.

Sabemos que la convivencia plantea dificultades y que hay preocupaciones que necesitan ser escuchadas. Queremos ser parte de la solución a partir del diálogo y la colaboración, acompañando y trabajando con otros para mejorar la vida que compartimos, apoyados en una convicción irrenunciable: toda persona merece respeto y oportunidades, cualquiera que sea su origen o su situación administrativa. Su dignidad no depende de lo que pueda aportar.

Para las entidades que formamos Red Íncola, el compromiso con esa dignidad está profundamente arraigado en nuestra fe. «Tuve hambre y me disteis de comer; fui forastero y me acogisteis». El Evangelio nos invita a reconocer a Jesús en quien necesita acogida. En él encontramos una razón para perseverar y una exigencia que nos lleva a revisar lo que hacemos.

El papa Francisco expresó esa responsabilidad en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Acoger a quien llega, proteger sus derechos, promover sus capacidades y su autonomía, e integrar construyendo juntos una sociedad en la que cada persona pueda participar sin tener que renunciar a su historia.

Este mismo año, durante su visita a Canarias, el papa León XIV nos recordó que las personas migradas «no son números ni expedientes» y que «la dignidad humana no tiene pasaporte». Sus palabras nos devuelven a la persona que tenemos delante, con su historia y sus esperanzas.

Ese acompañamiento tiene también los rostros de quienes lo hacéis posible cada día. Y hoy queremos daros las gracias.

Gracias a las personas voluntarias por vuestro tiempo, vuestra constancia y vuestra disposición a aprender. La confianza necesita tiempo. Vuestra continuidad permite que muchas personas encuentren un rostro conocido al que acudir y alguien que recuerda su nombre y se interesa por cómo les va.

Junto al voluntariado, el equipo profesional sostiene el trabajo diario. Quiero agradecer especialmente a las trabajadoras que lleváis tantos años en la Red. Vuestras circunstancias familiares y responsabilidades han cambiado, y habéis mantenido el compromiso con las personas a las que acompañáis. Gracias a todo el equipo por vuestra profesionalidad, por vuestra cercanía y por seguir cuidando este proyecto compartido.

En ese acompañamiento hemos recibido mucho. Por eso, gracias de una manera muy especial a las personas migradas que habéis confiado en Red Íncola. Gracias por compartir vuestras dificultades, capacidades y esperanzas. Nos habéis enseñado y nos habéis ayudado a revisar nuestra manera de trabajar. Queremos seguir contando con vuestra voz para decidir juntos cómo continuar.

Nuestro agradecimiento alcanza también a las entidades fundadoras, a quienes han formado parte del patronato, a las administraciones públicas, donantes y organizaciones colaboradoras. Seguimos necesitando esa cooperación para responder a lo que tenemos por delante.

Contar con todos vosotros nos anima a mirar al futuro con esperanza. Queda mucho por hacer. Necesitaremos seguir escuchando, aprender de nuestros errores y cuidar a quienes cuidan.

Uno de nuestros retos será contribuir a que podamos hablar de la inmigración con serenidad, escuchar las preocupaciones y favorecer el encuentro. Conocerse ayuda a comprenderse y encontrar respuestas juntas. Ahí queremos seguir poniendo nuestro esfuerzo.

Tenemos motivos para confiar: en quienes lleváis años comprometidos, en quienes os vais incorporando y en las personas que, con apoyo, recuperan confianza para continuar su camino. Lo vivido nos anima a perseverar, también cuando los resultados tardan en llegar.

Al terminar, vuelvo a los pequeños gestos. A esa conversación, a una mano tendida o a una taza de chocolate caliente. Algo que ocupa apenas unos minutos de nuestro día y que, para otra persona, puede significar que alguien se interesa por ella y que ya no está sola.

Ojalá sigamos dispuestos a ofrecer esos gestos y también a recibirlos. A hacernos sitio unos a otros, como hicieron quienes pusieron en marcha esta Red.

Gracias por estos veinte años y por lo que podamos seguir construyendo juntos.

Chus Landáburu | Presidente de Red Íncola

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