Cambiar la escena

Cuando el teatro se convierte en un ensayo para transformar la realidad

El pasado lunes celebramos el cierre de “Cambiar la escena”, un proyecto de Teatro del Oprimido dirigido a mujeres migrantes que, durante algo más de dos semanas, nos ha permitido compartir un proceso tan intenso como transformador.

Han sido solo seis sesiones. Pocas, si pensamos en el tiempo. Muchísimas, si pensamos en todo lo que ha ocurrido en ellas.

Hemos jugado. Hemos reído. Hemos creado confianza. Hemos aprendido a escuchar y a dejarnos guiar. Hemos descubierto la importancia del grupo, de sentir que no estamos solas y de que las historias, cuando se comparten, dejan de pertenecer únicamente a quien las vivió para convertirse en una oportunidad de aprendizaje colectivo.

También hemos reflexionado sobre aquello que es verdaderamente importante para cada una. Hemos puesto nombre a nuestros valores, a aquello que queremos proteger y también a las amenazas que, muchas veces de forma invisible, ponen en riesgo nuestra libertad, nuestra dignidad o nuestra capacidad de decidir sobre nuestras propias vidas.

Porque ese ha sido el hilo conductor de todo el proceso: preguntarnos quién decide.

¿Quién decide cómo nos vestimos? ¿Quién decide qué podemos hacer, qué podemos decir, cómo debemos comportarnos o qué lugar ocupamos en nuestra familia o en la sociedad?

Preguntas aparentemente sencillas que esconden mecanismos de poder y de opresión que, con frecuencia, pasan desapercibidos por estar profundamente normalizados.

Para explorar estas cuestiones nos hemos acercado al Teatro del Oprimido, una metodología creada por Augusto Boal en Brasil durante las décadas de 1960 y 1970. En un contexto de profundas desigualdades sociales y de dictadura militar, Boal comprendió que el teatro podía ser mucho más que un espectáculo. Podía convertirse en un espacio donde las personas ensayaran nuevas maneras de afrontar las injusticias de su vida cotidiana.

Como él mismo decía, todas las personas somos actrices y actores porque todas actuamos en el mundo. El teatro deja entonces de ser únicamente representación para convertirse en ensayo de la realidad.

El proyecto culminó con la representación de un Teatro Foro, una herramienta que rompe la barrera entre escenario y público. En él no existen espectadores pasivos. Las personas asistentes pueden intervenir, sustituir a la protagonista, probar nuevas estrategias y buscar, colectivamente, alternativas frente a las situaciones de opresión que aparecen en escena.

Las historias representadas nacían de experiencias reales compartidas por las propias participantes. Historias transformadas para proteger la intimidad de quienes las vivieron, pero que conservan intacta la emoción, los conflictos y las preguntas que las hicieron surgir.

Este proyecto ha sido, sobre todo, un espacio de encuentro. Un lugar donde mujeres con trayectorias muy distintas han podido reconocerse en las experiencias de las demás y descubrir que muchas de las opresiones que viven no son individuales, sino compartidas.

Gracias a todas las mujeres que habéis formado parte de este proceso por vuestra valentía, vuestra generosidad y vuestra confianza.

Y gracias también a todas las personas que nos acompañasteis en el Teatro Foro. Porque transformar la realidad nunca es tarea de una sola persona. Siempre empieza cuando alguien se atreve a imaginar que otra escena es posible.

share this entry

X