Acompañando somos espectadores de nuevas vidas

Ante la emergencia sanitaria que nos ha confinado estas semanas en nuestra casa, en Café Solidario, el programa de acompañamiento de personas sin hogar, nos fue difícil tomar una decisión de si continuar desarrollándolo de la manera que solíamos hacer. No sólo por nuestra protección, sino por la protección de aquellos que son más vulnerables. Aunque los voluntarios y voluntarias de Café solidario en estos días no salen a la calle, siguen con su compromiso de acompañar, de forma telefónica.  

La experiencia ha sido sorprendente. Muchos de ellos nos han agradecido enormemente el que siguiésemos estando allí, como una voz amiga que los escucha y orienta. Los primeros días del estado de alarma había mucha incertidumbre, Pablo nos decía “teníamos miedo. No nos dejaban ningún espacio para estar. No se puede estar en un banco, ni parque, ni estación. Ni juntos…. respuesta: que nos escondiéramos”.

Hemos intentado informarles de todas las iniciativas que desde distintos sectores y organizaciones de la ciudad se estaban pensando para las personas sin hogar, y hemos ido viendo como algunos, que eran muy reticentes a participar, cambiaban de opinión y decidían entrar en el centro de acogida del Ayuntamiento o el seminario que ha dispuesto Cáritas, encontrándose en estos momentos muy agradecidos de la oportunidad de disfrutar de una vida nueva. Otros, han preferido seguir manteniendo su vida en la calle, «escondidos», con las dificultades que eso tiene. Pero tenemos la confirmación de que muchas personas anónimas, vecinos, etc., les siguen ayudando.

En una de las conversaciones de estos días Pablo nos contaba “En estos ratos de soledad pienso mucho en todos vosotros y la suerte que he tenido de conoceros. Me contagiáis las ganas que tenéis de ayudar vuestra ilusión y generosidad. Me rejuvenecéis. Tengo mucha suerte porque estoy muy a gusto en esta casa. He descubierto que se está muy bien aquí. Me cuido física y mentalmente porque la salud mental es muy importante también.

Carmen Allué, es una de las voluntarias que está pendiente de los mensajes y de hablar con ellos cada lunes y miércoles:

“Quién me iba a decir que estos chicos que dormían en la calle, con los que íbamos a charlar un rato para aliviarles de su soledad, iban a ser los que ahora me animan, me acompañan y me abren una ventana a la esperanza. Y siguen agradeciéndonos lo que hacíamos por ellos… 

Pues si, en estos momentos tan duros que estamos viviendo, cuando no sabíamos qué iba a ser de ellos, oírlos contar lo bien instalados que están, como ellos me expresan: “estamos de lujo”. Las actividades que tienen, bien acompañados por voluntarios de Cáritas y seminaristas, y sobre todo la posibilidad de recuperarse de tantas penurias que han pasado, me hace pensar que nunca podemos dar por perdida una causa justa. Ahora ellos tienen una oportunidad de cambio. Algunos han aprovechado esta situación para dejar los hábitos que tenían y están con ilusión de empezar otra nueva vida.

Sin querer pienso en el día de mañana cuando esto acabe qué va a ser de ellos y veo claro que no pueden volver a vivir como antes. Me estoy planteando, como voluntaria, que tendremos que luchar a su lado para conseguir que tengan una vida más digna. ¿Os imagináis si tenemos que cerrar Café Solidario, por falta de usuarios?.  Ahí está la esperanza, y mientras tanto tenemos que estar disponibles para ayudarles en lo que necesiten. De momento, disfrutemos con ellos, sabiendo que están “de lujo”.

Foto: Norte de Castilla

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