Evento final «To believe or not to believe, why not living together?

El 15 de noviembre celebramos en Valladolid las XIII Jornadas sobre Diversidad Religiosa con el evento final del proyecto europeo «To believe or not to believe, why not living together?» (creer o no creer, ¿por qué no convivir?, proyecto financiado por Erasmus+ y la colaboración del Ayuntamiento de Valladolid. Durante la jornada compartimos los resultados y buenas prácticas del proyecto, y un grupo de jóvenes de Red Íncola representó una de las obras de Teatro Foro creada durante los talleres.

Hablar de religiones y de pluralidad religiosa no es un asunto fácil. Especialmente entre los jóvenes. Sentarse a hablar de pluralidad religiosa o de la pluralidad conviccional con jóvenes no es la tarea más fácil. Por ello, hay que estudiar vías alternativas para llevarlo a cabo. Ese es el punto de partida del acto. Dar a conocer como el teatro social ha llevado este decálogo a la juventud.

Mientras va llenándose la sala, los asistentes van tomando asiento. Entre ellos existe una gran pluralidad de edades. Jóvenes y mayores se reunían para escuchar lo que se estaba por exponer. Los asistentes estaban a escasos instantes de presenciar un acto que se dividiría en dos grandes bloques.

En primer lugar, se realizó una exposición más teórica sobre lo que se exponía. Es en esta parte que se exponía el problema principal. Llevar a los jóvenes el diálogo interreligioso y alejar este debate del ámbito académico.

La idea que desencadena el teatro social no era otra que llevar a la calle un debate que nunca debió estar restringido a teólogos y académicos de su ámbito. Más si cabe cuando la interculturalidad y la inmigración son algo tan cercano. Porque, aún cuando esto no tendría porqué ser así, relacionamos directamente la pluralidad religiosa con la llegada de inmigración.

Para poder alcanzar este objetivo, se comenzaron a desarrollar actividades y talleres en los se generó un espacio seguro y crear relaciones entre los participantes. Que se sintieran libres de compartir sus creencias, sus miedos y, en términos generales, lo que son ellos. Todos estos juegos bajo un paraguas de 3 reglas básicas que creen un espacio seguro: 1. No juzgar ni a uno mismo ni a los demás, 2. Privacidad, y la más importante 3. Libertad.

Las diferentes dinámicas desembocan en el teatro social en el que se representan historias en las que está presente la religión y la presión social que, en ocasiones, choca frontalmente con las creencias.

Pero como no es lo mismo que te lo cuenten a verlo en directo, la segunda parte de la jornada mostró una escena creada en los talleres por un grupo de jóvenes participantes. En él se comienza con la representación de una pequeña pieza teatral acerca de la discriminación por llevar Hiyab. El conjunto de varias pequeñas escenas construyen el relato de un problema social.

La historia comienza con un diálogo entre una joven y su hermano. Ella le manifiesta que ha meditado su decisión y quiere comenzar a llevar el Hiyab. Su hermano, conocedor de la realidad social, tras de desincentivar su idea por miedo a que su hermana sienta discriminación. Una discriminación que no tarda e llegar, en l siguiente escena se nos muestra como el director del centro educativo de la joven reprende a esta por llevar el Hiyab. La deja claro que de ninguna forma puede portarlo en clase. La normativa del centro lo prohíbe. La joven decepcionada decide hablar con su hermano. El cual al comprender la situación de su hermana decide apoyarla y acudir al centro a hablar con el director. Por último, la escena final deja claro que el director se niega en rotundo a aceptar que lleve el Hiyab. De llevarlo la amenaza con la expulsión. La joven da un discurso acerca de lo que representa para ella llevar el Hiyab. Un discurso que cae en saco roto ante la negativa perpetua del director.

Es al finalizar el teatro que entra un factor disruptivo de este. Se pide la colaboración del público. Esto bajo un cuestionamiento muy sencillo ¿qué harías para cambiar la situación y a partir de qué escena?

Dos mujeres se ofrecieron voluntarias. La primera trató de marcar un discurso final diferente. Intentó persuadir con sus palabras a un director que se enroca en su postura. Tras ella, otra voluntaria sale a escena. Esta plantea volver a la tercera escena en la cual la joven habla con su hermano. Pero en lugar de dialogar tan solo con su hermano apela a todo el público. Hace partícipe a todos planteando que son compañeros de clase para pedirles que les acompañe y hacer presión de grupo al director. Así lo hacen, representando así un final alternativo en el que el director cambia su postura y permite el Hiyab en clase.

Así finalizaba el acto dando paso a la ronda de preguntas y el interés de este proyecto para poner en marcha en centros y entidades en los que se trabaja con jóvenes.

Manual de herramientas con el objetivo de que entidades y centros educativos puedan replicar esta experiencia con jóvenes. ¡Descárgalo! 👇

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