Reinventarse: la educación a través de pantallas y el seguimiento familiar a través del teléfono

“Sin emoción no hay educación”, muchos expertos coinciden en que el aprendizaje que más perdura en el tiempo se produce a través de hechos que nos emocionen profundamente, es por esto que en estos días en Red Íncola, profesores, educadores y educadoras tenemos un gran reto: ¿Cómo emocionar a los niños y niñas a través de una pantalla? sin una mirada de complicidad, sin un gesto, sin una sonrisa….

En estos días las compañeras del programa de infancia y juventud están haciendo un gran esfuerzo por hacer seguimiento a las familias a través del teléfono. «Las familias necesitan desahogarse, recogemos sus inquietudes y dificultades, especialmente hacemos un apoyo emocional»

¡videos y videollamadas! Es una alternativa que tenemos a nuestro alcance pero…. ¿todas las familias de este país tienen el mismo acceso a internet, a un ordenador…? Evidentemente todos conocemos la respuesta. «Por suerte las familias que atendemos tienen el acceso a teléfonos con datos, aunque después de dos semanas de aislamiento, algunas familias han perdido sus trabajos, no sabemos si podrán mantenerlo, y tampoco sabemos qué límite tienen esos datos de tarifas baratas que habitualmente sólo se usan para tener redes sociales. Lo importante en estos momentos es no perder la comunicación. Hemos creado listas de difusión a través de whatSApp para enviar a las familias recursos y orientaciones para poder trabajar con sus hijos/as. »

Nos planteamos, si el acceso a la educación es un derecho universal, si todos los menores deberían de gozar de una igualdad de oportunidades, en un momento cómo este las familias vulnerables se sienten más vulnerables todavía, los niños, niñas y jóvenes con menos oportunidades educativas, tienen menos oportunidades todavía.

Como he dicho al inicio “sin emoción no hay educación” ni aprendizaje, en momentos difíciles en que toda la sociedad se emociona ante cifras de personas curadas, ante aplausos colectivos, ante canciones que sentimos que nos unen; también estamos aprendiendo, y cuando todo pase, tendremos el reto de aplicar lo aprendido, de luchar y de buscar alternativas para que la igualdad de oportunidades sea efectiva, porque cuanto más efectiva sea en momentos “normales”, menos desigualdad habrá en momentos “especiales”.

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