La movilidad es un signo de los tiempos

En la homilía de Monseñor Luis Argüello en la celebración de la Eucaristía por los 20 años de Red Íncola nos dejó un mensaje profundo sobre el sentido evangélico y humano de la hospitalidad.

El arte de entretejer redes y la acogida como signo

Una de las imágenes más potentes de la homilía fue la metáfora del tejido social, donde cada persona e institución aporta un hilo imprescindible para el amparo común. En palabras pronunciadas durante la celebración, se destacó:

«…la importancia de cada hilo, de cada hilo que al entretejerse se hace red con otros hilos que van siendo redes que vienen de otros lugares».

Esta labor de conectar realidades trasciende la mera organización social. Acoger a quien llega de fuera es, en su raíz más profunda, un acto de fe y humanidad:

«Hacemos así una parábola de lo que siempre en la historia santa ha sido un signo de la novedad de la presencia de Dios: la acogida al extranjero, al que llega de otros sitios».

Comprender la migración implica asumir que «la movilidad es un signo de los tiempos», una dinámica global que atraviesa la historia y nos interpela de forma directa.

Mirar al origen: El primer naufragio

La reflexión no eludió la dureza de las causas que fuerzan el desplazamiento humano. Antes de que una patera o cayuco toque tierra, el verdadero drama suele haber comenzado mucho antes:

«Es un naufragio que ha ocurrido antes en los lugares de origen, en los lugares en los que se produce una expulsión, una salida no deseada por conflictos políticos o persecuciones religiosas o el drama del hambre, por las desigualdades económicas…».

Reconocer este origen doliente es indispensable para abrir los brazos con empatía, entendiendo que «…superado el naufragio, las personas llegan y anhelan ser acogidas, ser curadas, ser promovidas, ser integradas».

Sin embargo, uno de los puntos cumbre de la homilía fue la advertencia sobre un riesgo silencioso que acecha en las sociedades de acogida. La labor de redes como Íncola no concluye cuando la persona llega a salvo, sino que apenas comienza:

«¿Y sabes para qué? Para evitar un segundo naufragio. Porque acontecen naufragios en esta tierra: el naufragio de la soledad, el naufragio de la falta de vínculos, el naufragio de la nostalgia de lo dejado atrás…».

Este «segundo naufragio» no es una problemática ajena o distante; la falta de raíces y de calor humano empobrece a toda la comunidad:

«…el segundo naufragio que afecta a los que vienen de fuera… en realidad, amigos, ese segundo naufragio nos afecta a todos».

De la asistencia a la verdadera promoción humana

Cumplir 20 años de historia exige mirar hacia el futuro con la valentía de transformar la ayuda en capacitación real. La verdadera integración ocurre cuando la persona acompañada pasa a ser sujeto activo de su propia vida y de la sociedad:

«…especialmente por los que habiendo recibido ayuda ahora queréis ser signo de la ayuda a los demás. Seguramente sea un rasgo claro de verdadera promoción en un mundo en el que incluso la acción social de los Estados y de la Iglesia están todavía muy marcadas por el asistencialismo más que por el empuje a promover».

Celebrar estos 20 años de Red Íncola es dar gracias por cada vida acompañada, por cada vínculo tejido y por cada historia rescatada de la deriva. Que este aniversario sea un impulso para seguir construyendo una sociedad donde nadie vuelva a naufragar en la soledad.

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